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La importancia del lenguaje claro en el ámbito jurídico

Por Anastasia I. C. Bosque


La comunicación judicial ya no puede limitarse al rigor técnico. Cada vez más resoluciones incorporan herramientas de lenguaje claro para que las personas comprendan el alcance de las decisiones que las afectan, fortaleciendo el acceso a la justicia y la confianza en las instituciones.


Introducción


¿Cuántas veces hemos escuchado que las resoluciones judiciales deben redactarse en un lenguaje claro y comprensible para todas las personas, independientemente de su formación jurídica? Esta necesidad, que hoy ocupa un lugar central en el debate sobre la comunicación judicial, adquiere una relevancia especial en el ámbito del derecho de familia, donde las decisiones impactan de manera directa en la vida cotidiana de quienes intervienen en el proceso y donde la sensibilidad de los conflictos exige una comunicación especialmente cuidadosa.

En este contexto, es cada vez más frecuente encontrar resoluciones que incorporan apartados dirigidos personalmente a las partes e incluso a niños, niñas y adolescentes, explicando de manera sencilla el alcance de lo decidido. Lejos de constituir un elemento accesorio, estas comunicaciones buscan que sus destinatarios puedan comprender adecuadamente lo resuelto, favoreciendo el entendimiento de las decisiones judiciales y fortaleciendo la confianza en las instituciones.

En este marco, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires elaboró la Guía de Buenas Prácticas para el Empleo de un Lenguaje Claro y Accesible, que destaca, entre otros aspectos relevantes, la importancia de la planificación previa del mensaje judicial. Antes de redactar, resulta necesario definir qué se desea comunicar, cuáles son los objetivos perseguidos y quiénes serán los destinatarios del mensaje. El discurso jurídico debe transmitir su contenido mediante un lenguaje claro, accesible y eficaz, organizando su estructura y contenido en función de las necesidades de las personas a quienes se dirige.

Asimismo, la claridad no depende únicamente de las palabras elegidas. El estilo, el tono y el registro lingüístico también desempeñan un papel fundamental. Un trato digno, respetuoso, considerado y libre de expresiones discriminatorias contribuye a que el mensaje sea mejor comprendido y recibido. En definitiva, no solo importa qué se comunica, sino también cómo se comunica.

A partir de estas premisas, el presente trabajo analiza la importancia del lenguaje claro y accesible en las decisiones judiciales, especialmente en aquellas que incorporan mensajes dirigidos de manera directa a sus destinatarios, reflexionando sobre su aporte a una justicia más cercana, comprensible y efectiva.


Los pilares del lenguaje claro


Marco conceptual


La Guía parte de una idea central: el lenguaje claro no implica renunciar al rigor técnico del discurso jurídico, sino hacerlo compatible con la comprensión de las personas destinatarias. El desafío consiste en trasladar conceptos jurídicos complejos mediante formas de comunicación accesibles, permitiendo que las personas comprendan las decisiones que las afectan sin depender necesariamente de intermediarios.

Desde esta perspectiva, la claridad aparece no solo como una herramienta comunicacional, sino también como una exigencia vinculada al acceso a la justicia y a la legitimidad de las decisiones judiciales.


Funciones del discurso judicial


La Guía reconoce que el discurso judicial cumple múltiples funciones: informar, comunicar, argumentar y decidir. Este reconocimiento resulta relevante porque demuestra que la claridad no se limita a la parte resolutiva de una sentencia, sino que debe estar presente en cada una de sus dimensiones. La eficacia de una decisión judicial depende tanto de la solidez de su fundamentación como de la capacidad de transmitir adecuadamente sus razones y consecuencias a quienes la reciben.


Cómo construir un discurso judicial accesible


Planificación del discurso


Uno de los aportes más interesantes es la importancia asignada a la planificación previa de la comunicación. Antes de redactar, el operador judicial debe definir qué quiere comunicar, a quién se dirige y cuál es la finalidad del mensaje. Este enfoque desplaza la atención desde quien emite la comunicación hacia quien la recibe, promoviendo una construcción del discurso centrada en las necesidades concretas de las personas destinatarias.


Estructura y orden del discurso


La Guía propone una organización lógica del mensaje mediante introducción, finalidad, condicionantes, desarrollo y conclusión. Esta metodología permite que el destinatario identifique con facilidad qué se está resolviendo, cuáles son los fundamentos y cuáles son las consecuencias de la decisión. Desde una mirada analítica, la estructura deja de ser una cuestión meramente formal para convertirse en una herramienta que favorece la comprensión y la transparencia de la actividad judicial.


Pautas para la confección del discurso


En este apartado se destacan principios como la adecuación, la congruencia, la coherencia, la concisión y la cohesión. La Guía pone de manifiesto que un mensaje jurídicamente correcto puede resultar ineficaz si carece de orden o si incorpora información irrelevante. La claridad exige seleccionar y organizar los contenidos de manera que cada elemento contribuya efectivamente a la comprensión del mensaje.


Recomendaciones en el área de la semántica


La dimensión semántica se vincula con el significado de las palabras empleadas. La Guía advierte sobre los riesgos de las ambigüedades, vaguedades, referencias imprecisas e información implícita, fenómenos que pueden generar interpretaciones erróneas o incertidumbre respecto del alcance de una decisión. El análisis de este apartado permite advertir que muchas dificultades de comprensión no derivan de la complejidad jurídica del asunto, sino de deficiencias en la forma en que se expresa el mensaje.


Recomendaciones en el área de la sintaxis


La Guía aborda la construcción gramatical del discurso y promueve el uso de oraciones simples, lenguaje corriente, voz activa y sujetos claramente identificables. Estas pautas buscan reducir la complejidad innecesaria del lenguaje jurídico tradicional. Desde una perspectiva práctica, constituyen herramientas concretas para transformar resoluciones extensas y difíciles de comprender en comunicaciones más directas, sin afectar la precisión técnica que exige la función jurisdiccional.


La claridad como garantía del acceso a la justicia


Reflexión final


El recorrido por la Guía permite advertir que el lenguaje claro no se limita a simplificar palabras o eliminar tecnicismos. Se trata de una forma de concebir la comunicación judicial desde la perspectiva de las personas destinatarias, procurando que las decisiones puedan ser comprendidas en sus fundamentos, alcances y consecuencias por cualquier persona lega en cuestiones jurídicas.

En definitiva, la claridad fortalece la accesibilidad, la transparencia y la confianza en el sistema de justicia, constituyéndose además en una herramienta que contribuye a garantizar el debido proceso.


* abogada, analista en Medios de Comunicación Social y licenciada en Publicidad. Es coautora del libro Manual de Contingencias Turísticas y autora de diversas publicaciones jurídicas en Diario Judicial, Diario Digital Femenino y en el blog de novedades jurídicas de eldial.com

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